lunes, 1 de diciembre de 2008

Diciembre


Recién empezado, fresco todavía de unos pocos minutos. Esta noche empiezo a escribir como tantas otras noches, de modo automático, sin tener ninguna anécdota que merezca la pena ser contada, me siento a escribir y me dejo ir. A veces no pasa nada, no se me ocurre nada que poder decir, ni siquiera que no tengo nada que decir. Tengo aquí aparcada una nota desde hace una semana sobre una curiosidad del francés, de la que no he conseguido sacar ningún partido. Resulta que en francés no hay diferencia entre las partículas interrogativas “Por qué” y “Para qué”. Las dos se reúnen en una sola: Pourquoi. Esto quiere decir que no distinguen entre causalidad (el origen de la cuestión) y finalidad (su objetivo). Y eso me ha llevado a pensar que nosotros tendemos a confundirlas. A tal punto que la palabra “motivo” designa tanto el porqué como el propósito de una acción. ¿Por qué se reúnen en una misma palabra el origen y el destino de una acción. ¿Esto viene de un uso incorrecto del lenguaje? Porque si el uso es el adecuado, eso explicaría el caso francés. Digámoslo de otro modo: la causa de la acción no puede ser la consecuencia de esa acción. Ejemplo: tengo hambre, voy a la cocina y cojo una manzana. El porqué de ir a la cocina es que tengo hambre, el para qué, para coger una manzana. Pero también puedo decir que voy a la cocina porque quiero coger una manzana. Voy a la cocina para coger una manzana. ¿Cuál es el motivo de ir a la cocina? ¿El hambre o la manzana? ¿O ambos conceptos se superponen en un único objeto gramatical (pero no real)? Veámoslo con un ejemplo:

Si alguien me ve levantarme me dirá:

a) ¿Por qué te levantas? ¿Qué contestaré yo: “porque tengo hambre” o “porque voy a la cocina”? En cualquier caso falta información: tener hambre no tiene relación directa con el hecho de levantarse e ir a la cocina no tiene relación directa con el hecho de tener hambre. Aquí es dónde interviene nuestra humana inteligencia para rellenar los espacios vacíos y “comprender” aún cuando no tenemos toda la información.

b) ¿Para qué te levantas? Yo contestaré: o “para ir a la cocina” o “para comer algo”. Y volvemos a encontrarnos en el mismo caso. Levantarse es coherente con el hecho de ir a la cocina, pero no nos informa del hambre que tengo, y el decir que quiero comer algo no nos dice que la comida se encuentre en la cocina.

Así que si alguien me pregunta, normalmente contestaré:

a) A ti que coño te importa (el hambre me pone de muy mal humor)
b) Voy a la cocina a buscar algo de comer (Encontrando en esta respuesta tanto el porqué como el para qué)
c) Ninguna de las anteriores

Así que quizá sea esta la respuesta al enigma del Pourquoi francés, ¿Pourquoi utilizar dos palabras cuando sabemos que para una única pregunta vamos a tener las dos respuestas?




PD: vaya, al final ha dado de sí la dichosa nota...

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