Salgo de casa a eso de las cuatro; uno de esos días de primavera, pero de la buena, de la veintitantos grados y sol radiante; atravieso la Ronda para ir a buscar el coche a la piscina, y me cruzo, frente al Juzgado, con un tipo joven, alto, rubio rapado y muy sonriente, cargado de mochilas hasta las orejas y sudando como un animal (seguro que a él no le hacían tanta gracia los veintitantos grados). El caso que el tipo se dirige a mí en una lengua incomprensible (que resultó ser inglés) y tras unos minutos de adaptación y de cambiar el chip (interpretes del mundo, yo os admiro) conseguí escupir unas frases que sirvieron para hacerle ver que el camping que el buscaba (en el centro...) no estaba ni siquiera en el plano que le habían dado (intuyo que con un poco de mala leche) en la Oficina de Turismo. Así que me ofrecí a llevarle (o eso creo). Camino al coche intentamos intercambiar unas frases y (no me preguntéis por qué) me encontré intentando explicarle lo que es el Camino de Santiago (en inglés) y a su vez el intententando hablarme de las ciudades que había visitado en Francia (la madre que lo parió que acento tenia...). Llegamos al camping, foto de recuerdo (que gracia...) y voy a dar la vuelta. Cuando paso delante del camping lo veo mochila al hombro deshaciendo el camino que habíamos hecho. Lo recojo de nuevo y me dice que (por lo visto) le había dicho que el otro (hay dos en la ciudad) era mas barato. Lo llevo al segundo camping (no están lejos) y nos despedimos con gran agradecimiento de su parte. Mientras conducía rumbo a mi cita (a la que llegué bastante tarde) iba pensando esta noche hablaré de ti en el blog...
domingo 4 de mayo de 2008
sábado 26 de abril de 2008
Razones para no ponerse una camisa en concreto.Cual? Esa, la del ojal del segundo botón roto, ya sabes, la tuya, la que se rompió y me dejó verte...
por qué no os pondríais vosotros esa camisa, y más ahora que llega el buen tiempo? yo no tengo razones, pero no me la pongo. La miro, a veces, cuando voy a coger un pantalón a la percha, y me digo, a veces, me gusta mucho esta camisa, a ver si hace bueno para poder ponérmela; pero luego no lo hago. Y vuelvo al armario, como todos los días, y no encuentro razones ni siquiera en el fondo del armario, y no me la pongo. Y querría ponérmela, de veras, porque quizá eso querrá decir que podrás vérmela puesta. Y te diré: es la camisa que llevabas, ya sabes, esa, la del ojal del segundo botón roto, ya sabes, la tuya, la que se rompió y me dejó verte...me la he puesto porque...bueno, pues puede que no encuentre razones tampoco para habérmela puesto. Pero al menos tu estarás allí.
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