martes, 25 de noviembre de 2008

Santa Flora


No sé por qué, pero me he acordado hoy del santo de Flora. Qué lejos parecen ahora aquellos tiempos de estar con ella en casa...me imagino que...creo que nunca he contado esto, que nunca he escrito sobre esto...ya sé que he empezado un tanto “errático”, pero los recuerdos...ya se sabe. Quiero decir, yo soy de los que no recuerdan nada. Pero nada. No sé por qué, pero me costaría hablar con detalle de casi todo lo anterior a...ahora diría “hoy”, por hacer el chiste, pero parece demasiado evidente. ¿Qué les pasa a mis neuronas? ¿Dónde están todos esos recuerdos que, según parece, quedan archivados en algún lugar de nuestro cerebro para siempre? Porque conozco gente que son prodigios de anécdotas e historias de cuando eran pequeños, y de juventud. Yo na de na. Cuatro o cinco cosillas. Lo más fácil sería pensar que mi infancia ha sido lo suficientemente aburrida y monótona como para no diferenciar un día de otro, y que todos los recuerdos se amontonan en un único e interminable día. Puede ser, no descartemos nada a priori...Borges ha escrito un cuento en el que contaba la historia de un hombre que una vez muerto intentó reconstituir sobre el papel cada instante de cada uno de los días de su vida. Sólo el primer día le llevó un año entero. Pero no le importó, porque en la eternidad, el número de días no es mayor que el número de años (y aunque el cuento era chulo, Borges hace trampa...pero ese es otro tema). Bueno, recapitulemos. Hay una historia que “creo” que recuerdo. Digo creo porque ya no sé si recuerdo lo que pasó o lo que “me contaron” que pasó. (Borges también ha escrito sobre eso...). La historia de las famosas pinzas de ensalada. Creo que era la primera vez que Flora venía a casa. Estaba hablando con mi madre en el salón y, según parece, yo fui a la cocina cogí unas pinzas de esas largas de ensalada, y las tiré por el hueco de la puerta entreabierta del salón. ¿Motivos? Ni idea. ¿Por qué unas pinzas? Menos aún. En mi defensa diré que no hubo víctimas. Lo que no recuerdo, por ejemplo, (aunque creo que sí) es si hemos hablado de esto con Flora alguna vez. Sí...creo que sí, pero no me acuerdo de la conversación. Yo tendría... ¿4 años? ¿Menos? ¿Más? Madre, si estás ahí, manifiéstate. ¿Qué pensaría la pobre señora, que venía para trabajar cuidándonos, de una cosa semejante? ¿Cuánto de loco podía estar yo de pequeño? Por lo visto, bastante. Según se esfuerzan en recordarme todos mis queridos parientes cada vez que algún crío (de los de ahora) hace una gamberrada...Me da rabia no acordarme. Seguro que podría dar mucho de sí. Estas Navidades haremos una velada “Anécdotas vergonzosas de la infancia”...jejej...por esto de no olvidar...(y hacer algo más que jugar a la Wii...)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Recuerdo que me has hablado de Flora.... hace mucho tiempo

Alberte dijo...

ella estaba en el publico cuando actuamos en vigo...cada vez venia a vernos; son las ultimas veces que la he visto...