
Primera noche con calefacción, primera del año. Acontecimiento sin precedentes. Estos dos últimos días me he paseado por casa con una manta sobre los hombros (hombro sería una palabra bastante más interesante sin h, ¿no? ombro...) como un...¿tonto? Porque no veáis el número para escribir en el ordenador: un té sobre la mesa, envuelto en la manta hasta las orejas, sacando fuera nada más que la punta de los dedos (que se me quedaban fríos de escribir), calcetines de lana, chaqueta de lana, mis zapatillas másfeasdelmundo...jejej pero me daba la impresión que era cosa mía, que como estaba parado pues me entraban estos fríos. Pero no, por lo visto no era yo sino la ola de vientos polares que atraviesa Francia. Así que hoy me he decidido a poner la calefacción. Es un calentador de gas ciudad, no muy grande, con radiadores en todas las habitaciones...menos en el baño (bravo por el arquitecto). Bueno, en realidad, no sé dónde podrían poner un radiador en los 3 metros cuadrados del baño. Yo creo que antes era un único apartamento por piso, y que han cambiado la distribución más adelante. No es lógico que en un piso de este tamaño no haya más que un baño minúsculo...bueno, el caso es que ahora se está de puta madre en casa. Ahora a esperar la primera factura del gas...
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