
Los domingos son terribles. La ciudad se para por completo. Ningún movimiento en las escaleras, ni ruido de coches, ni niños de los vecinos gritando como si les estuviesen arrancando las orejas que era pa matarlos de verdad esa cría me pone enfermo su forma de gritar que si no fuera porque es la nieta del casero…cada día a la misma hora: 8:15 antes de salir para el colegio, 18:35 cuando regresa del colegio, y luego según como le haya ido el día a ella (y a sus padres). Que desesperación tienen los pobres; se nota que de vez en cuando se les va la olla. Pero es que grita de una manera, ya os hacéis una idea, que te chirrían las entrañas. De estos gritos insoportablemente insoportables. Al principio pensaba que era un niño, pero una tarde nos cruzamos en el ascensor y “me pareció” una niña. Pero no es que eso cambie nada. Ya sé que soy bastante maniático en lo que se refiere a toda clase de ruidos molestos. Pero es más fuerte que yo. Hay ciertos…yo no los llamaría ruidos, sino…rupturas de calma, o de silencio. Me molesta mucho todo sonido que se sale del silencio del desayuno, las bocinas de los coches, ciertos sonidos metálicos…son irritantes, esa es la palabra, o más bien soy yo el que es irritable, especialmente sensible a ese tipo de ruidos. Es de una violencia increíble, se me retuercen las tripas…y no sé de donde puede venir. Supongo que son manías, como cualquier otra…Ahora ya lo sabéis, por si algún dia tenéis que testificar en un juicio porque haya grapado por las orejas al techo del ascensor (ojo, es una manera de hablar...) al hijo chillón de algún vecino…
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