Hoy ha sido uno de esos entrenamientos (el de mis infantiles) en los que te sientes realmente satisfecho del trabajo. Calidad, intensidad, sacrificio, humor (también) para dos horas de baloncesto de las que merece la pena recordar. Acciones buenísimas, una actitud intachable, incluso al final, que quieras que no, dos horas, es una pedazo de sesión de entrenamiento. Impresionante. Motivación a tope de cara a los partidos importantes que llegan en las próximas semanas, y falta nos va a hacer, porque tengo a dos de mis mejores jugadoras lesionadas. Pero bueno, pase lo que pase, nada me quita el buen sabor de esta jornada, y en el fondo, el trabajo cotidiano es lo más importante.

No hay comentarios:
Publicar un comentario