Hay momentos en los que la realidad parece diferente. Estás caminando de vuelta a casa, como cada jueves, pero de repente las sensaciones son distintas. Quizá sea que ya es de noche, que ha llegado el frío, quizá sea que acabas de tener una bronca con una de tus jugadoras (de perfil rebelde) y que te has salido con la tuya, haciendo que se disculpe ante el equipo por su comportamiento. Y por eso estás satisfecho, y quizá es lo que cambia respecto de otros jueves por la noche. O tal vez todos los acontecimientos de esa tarde no son nada más que coincidencias y esas sensaciones son el fruto de algo distinto, de algo que sucede pero que ignoramos todavía.
No hay ninguna pretensión metafísica en todo esto. Simplemente pienso en una frase citada por Borges, que la atribuye a W.H. Hudson: "Muchas veces en la vida he emprendido el estudio de la metafísica, pero siempre me interrumpió la felicidad". Quizá no haya sido más que un momento de felicidad esencial, simplísima, que nos aisla del mundo por un momento; pero en el fondo seguimos sintiéndolo a nuestro alrededor, intentando ahogarnos de nuevo en su complejidad...

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