Aquí llevo un par de minutos dándole vueltas al artículo de esta noche, releyendo por encima lo que he escrito estos últimos días, sin dar con la chispa que va a hacer que el asunto "prenda". Hoy a sido una jornada atípica, la primera de las vacaciones escolares, que aquí se prolongan hasta el tres de noviembre. Así que aprovechando que los crios están de vacaciones el Club organiza unos maratones de baloncesto (tres horas por la mañana y otras tres por la tarde), que los crios (y los entrenadores) acaban reventados al final. La fórmula me conviene, que conste, te permite insistir sobre ciertos aspectos del trabajo, y avanzar, por ejemplo, con los niños que tienen más dificultades. Pero bueno, al final estás hecho polvo, de pasar todas esas horas de pie, y la energía que te hace falta gastar para mantenerlos enganchados y a ritmo todo el día.
Y mañana más, con los alevines (hoy eran los benjamines, los más pequeñajos). Menos mal que el miércoles puedo descansar un poco...

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