martes, 14 de septiembre de 2010

Soy, luego existo


Y uno lo sabe porque tiene que planchar una camisa, y los puños no acaban de quedarle como le gustaría, o porque la barra de pan ha subido cinco céntimos, o porque nos da pereza subir las escaleras a pie, a pesar de habernos propuesto hacerlo cuando no viniésemos cargados, y nos sentimos un poco culpables mientras esperamos el ascensor; uno sabe que es y que existe cuando se tumba en el sofá a las dos de la tarde y cierra los ojos un momento y empiezas a ver cosas, historias que se van contando en alguna parte a las que tenemos milagrosamente acceso solo con cerrar los ojos, y no duermes, de tan interesado que estás a lo que estás "viendo", o quizá si duermes, pero no te das cuenta, de tan interesado que estás a lo que estás "viendo"; uno sabe que existe cuando va tachando poco a poco las cosas pendientes de una lista, cuando se siente culpable de haberse tirado en el sofá y no haber hecho las llamadas que tenía que hacer, ni tampoco haber llevado al punto limpio la vieja tele que lleva un año detrás de una silla junto a la ventana, cuando piensa ¿por qué no habré comprado la tinta ayer? cada vez que tiene que anotar algo y echa mecánicamente la mano hacia la pluma...

Ninguna de esas cosas constituye nuestra identidad, pero hoy son puertas que se abren a los demás para que puedan descubrir quienes somos...

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