lunes, 13 de septiembre de 2010

Fines de semana


Hoy, al abrir la ventana por la mañana, he sentido por primera vez el otoño: ese aire fresco de finales del mes de septiembre, que aparece ahora, quizá demasiado pronto, pero que sirve para que el verano vaya quedando definitivamente atrás (si no se había ido ya...). Creo que hace falta. Hace falta que la anécdota de la "vuelta" deje paso a los días comunes de vida cotidiana, de esos en los que no es facil hacer la diferencia entre una semana y la siguiente, para que las cosas puedan encontrar su verdadero tiempo. Creo que el día a día adquiere su sentido (si es que tiene alguno) en la acumulación de los días. La rutina imprime un ritmo que nos sostiene, como un tutor para una planta de judías, por ejemplo...jejej...no, en serio, cuando nuestros horarios se definen de forma definitiva, la percepción del tiempo cambia por completo. Nuestras citas semanales sirven como balizas para que el camino se haga menos largo, porque simplemente caminamos mirando hacia la siguiente, y no hacia el final del viaje.

Yo tengo tendencia a aburrirme en los viajes sin objetivo: andar por andar me aburre, montar en bicicleta para dar una vuelta me aburre, correr me aburre. No es el esfuerzo físico en sí, es la ausencia de objetivo. No puedo correr pensando en que me es bueno para la salud: eso no es un objetivo, es un motivo; el aburrimiento de la carrera pesa demasiado, y no corro. Sin embargo, podría pasarme horas y horas jugando al basket. No soporto ir a dar un paseo a la orilla del rio, pero podría andar kilómetros y kilómetros con la caña en la mano. Espero que entendáis lo que quiero decir...

La vida puede vivirse sin objetivos (supongo), pero no una semana de lunes a domingo...

No hay comentarios: