
Hay días en los que no puedes decir que haya sucedido nada que merezca la pena recordar. Días que se confunden en la memoria. Y no es porque la vida no se haya manifestado de alguna forma en las distintas pequeñas cosas que me ha deparado la jornada, pero sin embargo el olvido ha comenzado ya a trabajar en mí, condenando cada una de esas anécdotas al limbo de lo que algún día no sabremos si realmente sucedió. Por ejemplo, no recordaba haber ido al teatro con mi hermano en 2000, o 2001. Y no creo que hayamos ido muchas veces. Pero sin embargo se había borrado por completo de entre las experiencias comunes...
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