martes, 27 de octubre de 2009

De noche


Hace mucho tiempo que no me pongo a escribir de noche. Hubo una época en la que viví bastante más las noches que los días. Lejos queda ya. Ahora la oscuridad y las horas tardías me fatigan enormemente. Siempre he sido de esas personas a las que les encantaría levantarse temprano, pero que sufren algún tipo de apego impropio por la almohada.
Las horas de sueño han sido siempre tema de controversia. ¿Cuánto necesitamos dormir? Creo que debo haber oido miles de explicaciones distintas. Hay quienes duermen tres o cuatro horas por noche. Yo si hago eso durante tres días seguidos posiblemente me dé un yuyu. Siempre he creído necesitar muchas horas de sueño. Siempre me ha dado esa impresión, aunque, por ejemplo, cuando me tengo que levantar para ir a currar "por co..", por narices, quiero decir, pues no me resulta difícil dormir seis horas, y seguir estando en forma. Es la regularidad, creo, lo que más condiciona el ciclo del sueño. Alguien que se acuesta cada día a una hora diferente y que duerme un número distinto de horas cada vez, necesita dormir más que alguien que mantiene horarios y hábitos regulares. Estoy convencido (aunque carezca de fundamentos para afirmarlo).
Estos días me ha costado quedarme dormido. Entre unas cosas y otras me acabo durmiendo a las tantas. Me encanta la sensación de irme quedando dormido sobre una página del libro que leo en la cama. En un momento cierro los ojos, pero la historia sigue sucediendo, y veo imágenes tan nítidas y definidas como si fuesen de cine. Y te olvidas de que estás despierto....y te duermes. Pero unos minutos o segundos más tarde te das cuenta de que sigues en tu cama y que la luz ha quedado encendida, y haces un esfuerzo enorme para apagarla sin perder el hilo de la historia, sin mover tu cuerpo (que ya ha encontrado la forma del descanso). Esos momentos de paso entre la vigilia y el sueño son realmente curiosos...

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