
No se trata esta vez de una reflexión estética, sino de la esencia misma de una experiencia que no tiene nada que ver con el arte (aunque también hablamos de artes de pesca o del arte de la pesca). Para quien no haya ido nunca al río (con ese propósito, bien entendu) no ira mas allá de un relato de pescadores, pero aun así, os invito a intentar penetrar la fotografía que he colgado en el articulo de ayer, domingo 8 de marzo. Esa imagen recoge, con una increíble precisión, el instante mismo en que la trucha toma un insecto, o nuestra mosca artificial, de la superficie del agua. Me gustaría que os fijaseis en la textura del agua en la imagen, como esta animada por el movimiento "vivo" del animal, porque esa ondulación, esa vibración que veis, vosotros, los que nunca nos acompañáis al río, yo la siento en la carne cada vez que se produce la picada. No es una sensación visual, es mucho mas que eso. Que conste que me lo estoy tomando en serio, no se trata de justificar mi afición, sino de haceros participe de ciertas sensaciones que exceden la simple satisfacción de la captura. Ese instante, sobre todo si estamos viendo al pez, en el que se acerca a la superficie para tomar la mosca, sobre todo en aguas paradas, en el que rompe el agua, o la pliega, la abre para poder atraparla...ese instante no puede describirse con palabras. Pero cada vez que veo esta imagen, o cada vez que, estando a pie de río, la situación se reproduce, el flujo de adrenalina que recorre el cuerpo y que prepara cada músculo para la tensión de la picada las sensaciones son las mismas...
Esto es lo mas cerca que puedo estar hoy de ese río, de esa imagen. Espero que sirva para haceros ver que, aunque nunca se hable del la pesca de esta forma, alguien puede vivirlas así...
Esto es lo mas cerca que puedo estar hoy de ese río, de esa imagen. Espero que sirva para haceros ver que, aunque nunca se hable del la pesca de esta forma, alguien puede vivirlas así...
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