domingo, 7 de diciembre de 2008

Historias de Familia



Quizá estas sean unas navidades diferentes. Los últimos meses han “tocado” a la familia por distintos frentes, y aún habiendo sobrepasado lo que parecía ser peor, todavía no está recuperada del todo. Cuestiones de salud, qué si no.
Supongo que esta vez mi regreso será distinto, en medio de esta convalecencia. Ya he escrito al respecto. Lo que hoy me pregunto es qué significa nuestra familia. Quiero decir, que este blog, por ejemplo, me ha servido para poder decir cosas que nunca han tenido su oportunidad, ideas, impresiones, que pueden servir en esas lecturas de “lareira”, o de cualquier otra parte, para saber un poco más de mí, para saber algo más de alguien que, como yo, nunca ha sido capaz de sentarse a hablar de tantas y tantas cosas. Vigo, Lugo, Goiriz, Castromaior, Vilalba... siempre he ido de un sitio al otro como si cualquiera de esos lugares fuese mi “casa”; todos eran estupendos, en todos acogido de la mejor manera posible. Pero en el fondo, seguía siendo un niño el que viajaba, el que llegaba, con sus historias de pesca, con sus partidos a cuestas, y sus obras de teatro. Ahora, con 31 años, sigo estudiando, sigo siendo ese mismo niño que de una forma o de otra pertenecía a todos y cada uno de esos lugares. Supongo que eso es lo que yo entendía por familia. Hay mucha gente a la que si preguntas por su familia te hablarán de sus padres y hermanos. Nada más. Yo siempre lo he entendido de otra forma, por nuestras reuniones en Goiriz, punto de encuentro de muchas familias que eran una sola, sin duda. ¿Pero qué quieren decir todos esos encuentros? ¿Cómo se crean los lazos que nos permiten decir hasta dónde llega nuestra familia? Como se suele decir, ¿uno es de dónde nace o de dónde pace? Seamos justos, ¿cuántas conversaciones hemos tenido? ¿Qué sabemos unos de otros? ¿Qué nos preocupa? ¿Por qué hacemos lo que hacemos? ¿Qué nos gustaría hacer? Nuestras curiosidades, los hábitos...sé quiénes somos, pero no sé cómo somos. Sin duda, por mi culpa. Quiero decir que de una forma o de otra, nunca nos hemos sentado a charlar de todas esas cosas, quizá porque haya otras más importantes, y nos hemos habituado a no saber. No saber los gustos de lectura de mi madre, o si mi hermano tiene novia, por qué le gusta ir de caza a mi padre (hoy anda por Toledo), a qué piensa Anita cuando se levanta por la mañana, si a Celso le gustaría venir de visita a Francia, si Moisés duerme bien, de dónde viene el amor por los animales de José o qué piensa hacer Paula cuando vuelva, si María se siente sola en Ourense, en qué piensa Miguel, si Alicia se agobia con los “peques”, si Cloti se aburre en la carretera, si Suso ha tenido miedo estos últimos meses, si Javier está agobiado por todo el trabajo, a qué se dedica últimamente Rocío, si Esther se siente cansada durante el día, de qué equipo de fútbol es Benjamín, si Carla es feliz en Coruña, si Alba se pone nerviosa en las entrevistas de trabajo, si a Ana le gusta el trato con la gente de la oficina, si Mari tiene tiempo para ir al gimnasio, cuál es la última película que ha visto Antoñita, si Ludi se alegra con una buena mañana de sol, a qué piensa Susiño mientras sale a dar una última vuelta nocturna para ver si todo está bien...
Supongo que me hago todas estas reflexiones porque ahora ya no puedo “pacer” en ninguno de esos lugares...Y quizá nunca me haya tomado el tiempo de saber todas esas cosas. El silencio parece habernos acomodado a todos de una forma o de otra. Podemos querernos igual sin tener que saber nada de eso, estoy seguro. ¿Pero qué significa que queremos a nuestra familia? ¿Es por quiénes son, por cómo son...? ¿Cómo se construye todo ese cariño? No sé si todos nos hacemos estas preguntas, no sé merece la pena hacérselas. El caso es que hoy he pensado en las fiestas que llegan, en que siempre tengo ganas de hablar de todo eso cuando estoy lejos y que una vez allí, no consigo encontrar la forma de hacerlo. Parece que la vida puede seguir sin toda esa información, pero en este punto en el que, de una forma o de otra ya hemos dejado de ser (tan) niños, me parece importante hacer un pequeño alto en el camino para mirar atrás y poder sentarnos a una mesa a compartir cosas que no pertenecen a nuestras actividades cotidianas sino a lo que pensamos, nuestras ideas, las cosas que nos gustan y las que no, recuerdos, curiosidades...no quiero ponerme ñoño, pero esta noche es importante para mí escribir esto. No sé si encaja en nuestros hábitos familiares, en una especie de código familiar que se va escribiendo con el paso de los años. Yo soy así, no sé si un bicho raro o no, pero sé que todas las navidades hemos estado ahí y me gusta pensar que, aunque no hayamos hablado de ninguna de esas cosas, aunque no estemos de acuerdo con ciertas ideas, ni compartamos gustos, ni hayamos pasado por las mismas experiencias; aunque nuestras vidas se hayan vivido lejos, como ahora lo hace la mía, me gusta pensar que siempre hemos sido y seguiremos siendo nuestra Familia.

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