Uno de los mejores momentos que hay en la vida (en todo caso, para mí), y del que no creo haber hablado demasiado, es ese instante, o instantes, en los que, por lo que sea, estás acomodado en algún lugar y notas que te vas quedando dormido. Lo más importante, lo verdaderamente agradable, es saber que puedes hacerlo, que puedes dejarte ir sin pensar en nada más, sin acomodarte, ni taparte, simplemente dejándote vencer por el sueño, sin que tengas que ir a ningún lado después, sin que haya que poner el despertador por algún motivo. Esos momentos en los que llega el sueño y lo puedes acoger como se merece, con una buena dosis de pereza y de calma, sin ni siquiera acurrucarse, solamente dejando que el cuerpo se relaje completamente y que el placer del momento lo ocupe todo. Y cerrar los ojos y dormir como si no hubiese nada más importante en ese instante...aunque bien pensado, ¿realmente hay algo más importante? Creo que no.

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