lunes 30 de enero de 2012

Corriendo para recuperar el presente

Creo que he pasado las cuatro últimas semanas intentando ponerme al día. No con ningua cosa en particular, sino conmigo mismo. El parón navideño había dejado demasiadas cosas aparcadas, y la vuelta al cole me ha traído unas cuantas nuevas, así que me ha costado ir ganando terreno hasta que todo ha vuelto a una aparente normalidad. Sigo teniendo cosas por hacer, pero ya he recuperado al menos una cierta tranquilidad cotidiana, el mismo ritmo que había dejado antes de volver a casa. Es por eso que no he escrito casi nada desde que llegué, porque estos artículos quedaban muy abajo en la lista de prioridades y porque cada vez que tenía un momento de calma, pues no me apetecía seguir delante del ordenador, y la pereza de seguir tecleando ganaba la partida. Estas líneas son síntoma de que el resto de las cosas que tengo que hacer no me han agotado lo suficiente como para no tener ganas de escribir, y eso es buena cosa.

Así, como crónica de la más rabiosa actualidad os diré que he tenido mi primera experiencia como profesor universitario, y...bueno, son de primero de carrera, son unos críos, y para estar matriculados en carreras relacionadas con el castellano, no tienen ni puta idea. Son todos un desastre, menos dos o tres de padres latinoamericanos, todos los demás son un verdadero horror, incapaces de articular cuatro palabras seguidas. El primer día consistió, sobre todo, en ponerlos un poquillo a prueba, para ver como se manejaban, y presentar la asignatura. La clase resultó amena, sobre todo para el primer grupo, a pesar de que había un par de tías que no se enteraban de nada y que se pasaron todo el tiempo charlando al fondo. Tendríais que ver los ejercicios que me entregaron al final. Qué desastre, qué horror, qué dolor de ojos de leerlos...Pero bueno, paciencia e intentar que saquen algo en limpio...