lunes, 7 de noviembre de 2011

Après le weekend

I Los lunes al sol

Los lunes siempre encuentro un momento de calma a esta hora para poder escribir unas líneas. Otra cosa es que las palabras sean fieles a la cita, por no hablar de las ideas, claro. Siempre me ha gustado pensar que las palabras (el lenguaje) y las ideas (el pensamiento) pueden ser entidades separadas. Es innegable que el lenguaje es el medio habitual de expresarlas, pero niego que sea la materia misma del pensamiento. Habitualmente se suele decir que podemos pensar aquello que somos capaces de formular, y que aunque las palabras no se articulen, aunque solamente las "oigamos" en nuestra cabeza, no podemos ir más allá de lo que nuestra lengua nos permite construir. Es por eso que ciertos idiomas son más fructíferos a la hora de articular el pensamiento, por las estructuras y los medios de los que disponen para articular el pensamiento. Así, no podemos pensar aquello que nuestra lengua no nos permite expresar. Un ejemplo claro de esta situación es lo que me ha sucedido desde que estoy en Francia: hay cosas que no podría decir en castellano, matices y posibilidades de las expresiones francesas que no son directamente traducibles al español (o al gallego). Esto sucede sin duda con todas las lenguas, y es el centro mismo de todos los problemas de la traducción y de la interpretación. El dominio de una lengua va más allá del conocimiento del lenguaje, es evidente, pero yo ignoraba hasta que punto esos matices son importantes: hace falta pensar en francés, ciertos esquemas mentales son propios a la utilización de una lengua, caminos neuronales propios que se constituyen a medida que nos integramos en un contexto lingüístico concreto. Por eso, al menos ese es mi caso, cuando uno vuelve a casa, tras haber pasado un tiempo en inmersión completa, le cuesta retomar los caminos habituales de la comunicación oral, y se mezclan giros y expresiones, se quieren decir cosas que son habituales en una lengua, pero que no existen en la otra, los latiguillos, los tacos....Y la cosa va aún más lejos. Todo mi campo de investigación desde que estoy aquí se centra en un problema de lenguaje, del que quizá ya os he hablado. En francés la palabra jugar (cuando hablamos de un deportista, de un niño, de un jugador) y la palabra actuar (cuando hablamos de un actor) es la misma. También se habla del juego de un mecanismo utilizando la misma palabra. El hecho de que todas esas cosas compartan una misma forma me parece un signo de una idea compartida, al origen de esas palabras. Y llegado este punto vuelvo a mi primera idea. Yo creo que las ideas o los conceptos están al origen de la palabra, es decir, que la idea produce la palabra: primero el pensamiento (como intuición, catalizador o déclancheur de la palabra que viene a satisfacer la necesidad de expresión de la idea). No son una sola cosa, son dos cosas que se suceden con un margen (ínfimo) de tiempo. El hecho de que una lengua haya "escogido" una misma palabra para comunicar ideas tan distantes (en apariencia) como el jugar a las cartas e interpretar un personaje me parece indicar una proximidad entre ambas que quizá no sea accesible en español por la distancia que existe entre la expresión de estas ideas. La coincidencia francesa me ha abierto las puertas a una exploración nueva de estas dos formas, y a descubrir la esencia misma de la noción del "jugar" y a buscarla también en el trabajo del actor.


II Silogismo bicornuto

El otro día estaba en casa de unos amigos jugando con sus críos. Son niños entre 2 y 5 años, y con uno de ellos, con el que suelo meterme a menudo, pero que ese día se había quedado un poco al margen, por la presencia de otros chavales, se acerca y me dice: "Embête-moi" (que habría que traducir por "métete conmigo", aunque yo lo traduciré literalmente por "moléstame"). En castellano no funciona tan bien, pero en francés es gracioso. Me explico. Si lo molesto, hago lo que él quiere, por lo que no lo estoy molestando, pero si no me meto con él, no hago lo que él quiere, así que lo molesto. He aquí el silogismo. Otro, famoso, es el siguiente: Mi hermano dice que todos los Carballeira son mentirosos, pero mi hermano es un Carballeira, así que está mintiendo, pero si miente, los Carballeira no son mentirosos, y si los Carballeira dicen la verdad...





(y que me perdone la familia por el ejemplo...jejejeje....aquí os dejo la versión clásica, y otros ejemplos)

«…el silogismo dilemático o bicornuto de este último, con el que jugaron los griegos (Demócrito jura que los abderitanos son mentirosos; pero Demócrito es abderitano; luego Demócrito miente; luego no es cierto que los abderitanos son mentirosos; luego Demócrito miente; luego…) hay casi innumerables versiones, que no varían de método pero sí de protagonistas y de fábulas. [...] Jeremy Taylor, en algunos de sus sermones, a un hombre que ha soñado con una voz que le revela que todo los sueños son vanos; Bertrand Russell (Introduction to Mathematical Philosophy), al conjunto de todos los conjuntos que no se incluyen a sí mismos. A esas complejidades ilustres, me atrevo a agregar ésta: En Sumatra, alguien quiere doctorarse de adivino. El brujo examinador le pregunta si será reprobado o pasará. El candidato responde que será reprobado… ya se presiente su infinita continuación.»

Discusión, J. L. Borges.


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