viernes, 16 de septiembre de 2011

Sabor

Pocas veces habré comido unas setas tan buenas. En principio la cosa no prometía demasiado, porque la cesta no tenía muy buen aspecto, con ejemplares o bastante jóvenes, o un poco viejos, bastante deshidratadas por la falta de humedad. Al ponerlas en la sartén no soltaron nada de agua, y a penas cambiaron de tamaño. Las dejé pasarse despacio, con poco fuego, durante un buen rato, y luego preparé el revuelto. Madre mía, ¡cuánto sabor! Eran un auténtico concentrado de bosque, con un gusto muy marcado, ligeramente dulce, pero muy presente en la boca. On s'est régalés!

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