Estamos en la mejor época del año para las manzanas (y las peras). Tan acostumbrados estamos a que haya de todo todo el año, que se van perdiendo las referencias sobre las épocas de cada cosa y, lo que es peor, nos olvidamos de a qué saben de verdad las manzanas. En el mercado de la Place Jean Macé hay un puesto que solo vende peras y manzanas, y algún que otro membrillo. Tiene muchas variedades distintas a precio único, y las puedes mezclar a tu gusto. Los precios son razonables, y la fruta está muy buena. Así que esta mañana me he cogido unos cuantos kilos para poder disfrutarlas como se merece. Son de carne firme, dulces y jugosas, da gusto llevárselas a la boca.
Hoy se han confirmado las primeras sensaciones de otoño. Un jersey para salir de casa por la mañana, pantalón largo, y el aire aún fresco cerca ya del mediodía. Y al llegar a casa no apetece tanto sacarse la ropa, y uno se deja los calcetines sin demasiado inconveniente. No sé cuando se acaba oficialmente el verano, pero aquí ya se ha ido definitivamente.

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