martes, 1 de febrero de 2011

Extrañas asociaciones


En un ensayo de Borges llamado "Nueva refutación del tiempo", el autor intenta demostrar que el tiempo no existe, argumentando que la repetición de un solo hecho en la sucesión temporal la convertiría en un recorrido circular, y siguiendo argumentos idealistas (el mundo no existe sino en la mente), presupone que la impresión de identidad de dos momentos distintos los convierte en iguales, es decir, que si tenemos la impresión de haber vivido ya ese momento, es que es el mismo. Bueno, es un resumen de andar por casa. Me falta "fondo" metafísico para ser un poco más concreto, y sobre todo, para poder entrar en una valoración más personal de sus reflexiones. Lo que me parece interesante de su argumentación es que la negación de la existencia del tiempo como eje infinito sobre el que se traslada la realidad espacial implica la negación del pasado y del futuro: sólo existe el momento presente, el instante presente...¿pero cuánto dura ese instante? ¿cómo explicar la continuidad de la percepción de ciertas acciones (como, por ejemplo, escribir este artículo)? Seguir la reflexión de Borges implica que llegado a este punto no puedo saber si realmente he sido yo el que ha escrito este artículo, porque solo existe el momento en el que ya he terminado de hacerlo...en otro de sus ensayos (creo...aunque quizá sea el mismo...y me da pereza levantarme a buscar el libro...) Borges habla de un mundo, citando a una idea de otro autor, que ha sido creado al instante, dotado de un pasado ilusorio (vamos, lo que viene siendo el argumento de Matrix...). Una sociedad que simplemente recuerda y acepta como verdadero lo que alguien ha decidido que debe recordar. Otra cosa no son nuestros tratados de historia...


Ah, todo esto viene (y atentos a la chorrada) porque cada vez que unto la mantequilla en una tostada en la cocina del piso de Lyon (y cuando digo siempre, es realmente todos los puñeteros días) veo la misma imagen: pienso en la pesca, en el río Eo. Y recordando el artículo de Borges no puedo dejar de decirme que ese momento, esa idea que viene...con el mismo cuchillo, el mismo mantel, el mismo fondo de cocina con la ventana al fondo, el mismo plato, el mismo tarro de mermelada y de mantequilla...cada uno de esos momentos idénticos son, en el fondo, el mismo. Es mi particular "Día de la Marmota"...

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