martes, 25 de enero de 2011

Oublier, écrire...


Llevo un rato doblando calcetines, y en silencio de la sala y la casa vacía me pongo a pensar (ya sé, lo de los calcetines le quita un poco de encanto a la situación.) Hace mucho tiempo que no escribo nada, sin que haya ninguna razón evidente. Supongo que la ausencia de novedades, la sucesión de días que se parecen unos a otros, esa sensación de no poder distinguir una semana de la anterior ni de otra cualquiera de hace un mes, supongo que todo eso hace que te olvides de escribir, y supongo que hasta de pensar. Los días se van yendo en una rutina tranquila y agradable, prestando atención a los detalles cotidianos, a las cosas por hacer, a la agenda de la semana siguiente, a los entrenamientos por preparar y los partidos del sábado, a los ensayos y las compras pendientes, a los capítulos no vistos de una serie favorita, a las cosas que tengo que hacer y que voy apuntando cada día en una hoja sobre el escritorio y que me gusta tachar en cuanto he acabado de hacerlas. En esas cosas del vivir se me pasan los días, sin que la necesidad de venir a vosotros, lejanos lectores, ajenos a los detalles de este universo cotidiano que no es tan distinto del vuestro, aunque nos separen muchos kilómetros. Y es que las anécdotas me interesan menos, o quizá siento que son menos interesantes, y pienso que no merece la pena compartirlas, o puede, tal vez, que sigan siendo igual de interesantes, pero para ser vividas, y no para ser contadas...muchas razones hay para haber dejado de escribir, y sin embargo, ahora que lo pienso, aquí estoy de nuevo dejando venir estas líneas que supongo que constituyen una frontera, soit un premier mot, soit le dernier...

1 comentario:

Rafa dijo...

Las anécdotas, siempre merecen la pena ser contadas... y leídas!!
Un abrazo