
Retomar un proyecto es siempre difícil; el olvido se instala facilmente sobre los pequeños detalles que habían dado forma al espectáculo, y ahora, cuando intentamos recuperarlos nos damos cuenta de que se han perdido, probablemente para siempre. Ya no somos los mismos, aunque no hayan pasado más que un par de meses, y no podemos seguir con la continuidad de una reflexión y de la creación que habían llevado el proyecto hasta el estado en el que lo habíamos abandonado. Nos encontramos ahora con un esqueleto que es necesario dotar de carne, de órganos, que es necesario hacer respirar y vivir de nuevo, pero no merece la pena intentar reconstituir las imágenes que todavía conservamos de lo fue. Lo mejor es partir de cero y dejarse llevar por las sorpresas que el mismo texto, meses después, puede hacernos descubrir y que en su día ignoramos.
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