lunes, 19 de abril de 2010

Y cuatrocientos...


...artículos desde que este blog existe. No temáis! No me voy a hacer uno de esos capítulos aniversario de las series de televisión que recogen los "mejores momentos" hasta la fecha y que sirven a los guionistas para escaquearse de un capítulo original. Pero la efeméride (si se me permite la expresión) me parece lo suficientemente importante como para dedicarle una entrada. Lejos están los quinientos, pero todo llegará. La verdad es que estos días han sido, o bien de una actividad frenética o de un "pasmo" total, y ni lo uno ni lo otro favorecen el ponerse a escribir.

Hace mucho tiempo, pero mucho, tanto que no podría decir cuando, creo haber escrito unas reflexiones sobre el modo de enfrentarse a la realidad, a las cosas que suceden. Distinguía (creo) entre las "vivencias", esto es, las cosas que suceden mientras suceden, y las "experiencias", es decir, la transcripción de las impresiones y recuerdos de lo vivido. Lo digo ahora porque en estos días me enfrento a esta misma idea pero planteada en otros términos y asociada a un cierto tipo de experiencias en concreto. Primero, me sirve para "justificar" en cierto modo lo irregular de mi presencia en este blog. Las "vivencias" ocupan demasiado tiempo y no dejan lugar a la reflexión. Quiero decir que si realmente vivimos no nos queda tiempo para pensar sobre lo que vivimos y que esos pensamientos no son sino una "vida de sustitución", un artificio que sirve para llenar los momentos de vacío vital. Vivir es un trabajo a tiempo completo...

Estos días me ha vuelto a perseguir esta idea en relación al contacto que podemos establecer con una obra de arte. Yo creo que esta relación no puede existir que entre el individuo y el objeto durante el tiempo que comparten en contacto mutuo y directo, y que esta "vivencia" no puede ser descrita de ninguna manera, ni la obra puede ser explicada, ni descrita, porque el paso de la "vivencia" al lenguaje la transforma en "experiencia" y la vuelve inaccesible a la obra de arte. Esto es, el discurso que podemos sostener sobre lo que vivimos es incompatible con el hecho de vivir lo que sucede porque el hecho de articular ese pensamiento implica perder el contacto instantáneo con lo que sucede.

Un pintor francés, Herni Cueco ha escrito un libro que se llama Cien paisajes que nunca pintaré. Es una serie de descripciones de paisajes que no ha podido pintar. Y no ha podido pintarlos porque PUEDE HABLAR DE ELLOS. La vivencia y el lenguaje son contradictorios. Podemos vivir, o escribir sobre lo que vivimos, pero no hacer las dos cosas a la vez. Si no os escribo demasiado ultimamente es precisamente por eso...

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