
Esta semana es de esas que, a pesar de no dejar huella a largo plazo, podría considerarse una de las semanas "grandes" del año (no por la importancia, pero sí por el número de acontecimientos). 4 partidos importantes, 3 representaciones...de sábado a sábado...por el momento el balance es positivo, pero ahora nos atacamos al meollo de la cuestión. Alguien me decía el otro día que es extraña la sensación de estar haciendo algo y pensando al mismo tiempo en todas las cosas que todavía tienes pendientes. Mi primera reacción, y la suya, fue de pensar que por supuesto que conocía esa sensación, pero luego, volviendo sobre esta idea, me dí cuenta de que en realidad no me sucede; quiero decir, que cuando estoy haciendo algo no pienso en nada más que en lo que estoy haciendo. No sabría decir por qué. Quizá porque no las siento como cargas o como tareas, y por eso no son parte de una "agenda" (aunque figuren en ella) sino que en el fondo son "momentos de vida", simplemente. Creo que los momentos en los que no pensamos más que en lo que tenemos entre las manos constituyen nuestra vida verdadera y que el resto, actividades más o menos impuestas, más o menos necesarias, son simplemente eso, actividades, cosas que hacemos para poder satisfacer las condiciones que la vida social y de nuestro tiempo nos impone. La diferencia es simple: lo que yo llamo vida verdadera son momentos en los que lo único que hacemos es existir, vivir, y que no se miden en relación a los valores ni los esquemas de una época...(a veces hablamos de perder la noción del tiempo...). Ojalá la mayoría de los instantes de nuestra vida pudiesen ser sentidos de esta forma. Creo que seríamos más felices, y no por eso dejaríamos de hacer las cosas que son necesarias... Ya sé que suena idealista, irreal, utópico y todo lo que queráis. No estoy hablando de tumbarse a la bartola en una playa del caribe mientras que los demás se matan a currar. Lo que pretendo decir es que nuestra manera de afrontar la vida, todas las resignaciones que se van acumulando con el paso del tiempo, forjan nuestro carácter hasta el punto de hacernos perder completamente la perspectiva, nos convierten en "víctimas " de nuestra propia vida, en sujetos pasivos al servicio de lo que se supone que nuestra agenda nos impone. No propongo abandonarlo todo e irse a una comuna "jipi", que nadie me malinterprete. Soy consciente de lo difícil y laborioso del asunto que intento abordar ahora. Lo que quiero decir, y que quizá no consigo formular, es que lo único realmente importante es ser capaces de hacer la diferencia entre lo que somos y lo que hacemos. Hecho esto, creo que podremos juzgar nuestras actividades con la suficiente perspectiva como para que no nos consuman...
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