
Ayer se produjo una de esas situaciones en las que es difícil reaccionar. Al final del partido los padres de una de las crías vinieron a hablar conmigo. Su hija (una sinvergüenza, maleducada y repelente, vaga como nunca había visto antes) les preocupa porque está perdiendo la motivación por el baloncesto, y ellos quieren que haga deporte, y claro, si pierde la motivación, por lo visto, es por mi culpa.
Esta situación normalmente yo suelo resolverla con un muy claro "si no estáis contentos, os la llevais para casa". Pero se dan una serie de circunstancias que no me permiten mandarlos a paseo. Primero, que la susodicha, Agathe, se llama, es la sobrina del director deportivo del club (el que me contrató a mí). Segundo, que el padre de la susodicha es, de profesión, especialista en coaching, esto es, de los que se ocupan en dar cursos de management y de gestión para entrenadores de alto nivel y para ejecutivos. Así que aquí me tenéis, intentando encontrar una solución para resolver este asunto.
A ver, los padres no tienen ni puñetera idea de lo que pasa en los entrenamientos, de la actitud despreciable y bochornosa de su hija (y de otras) durante el trabajo. Pereza, inatención, falta de respeto... qué pasa, que llegan a un partido, se sientan detrás del banquillo y al final me sueltan que estuvieron observando y que todos mis comentarios eran en sentido negativo (una soplapoyez, dicho sea de paso). Encima, con los antecedentes que os he contado, pues ya os imagináis el discurso sobre la psicología deportiva que me tuve que comer durante nuestra conversación. Y el tipo más lleno de razón que un santo, con argumentos sólidos (pero completamente equivocados). Una de esas situaciones en las que es mejor no decir nada porque el otro está tan convencido de lo que dice que no va a tomarse la molestia de escucharte.
Tengo que decir que todo esto sucedió de la forma más correcta posible, con buen rollo y eso. No son mala gente (así a primera vista), sólo que no se dan cuenta de que, en el fondo, están siguiéndole el rollo a la cría. La niña pierde la motivación, y es culpa del entrenador...hay que joderse...no digo que no sea posible, pero no es en absoluto lo que sucede. La niña no está motivada porque nunca lo ha estado. Iba a sus padres con el cuento de que el basket era la cosa más importante del mundo, y ellos se lo creyeron. Y ahí está el problema, al principio de todo. Porque ella iba a baloncesto sin saber lo que era el baloncesto. Se entrenó durante años sin que nadie le explicase que el esfuerzo es un componente "habitual" del deporte, y que el basket no se limita a tirar a canasta cuando a ella le apetece. Y entonces llego yo, a imponer un ritmo de trabajo intenso, a exigir el máximo de cada una de ellas...y eso hace que ya no se motive, porque les hago sentir que no valen para nada...reconozco que hubo un tiempo en el que yo era muy duro, y que he dicho muchas barbaridades y muchas tonterías en los entrenamientos. Pero eso creo que ha quedado atrás hace ya años; si ellas pierden la motivación porque hay que "correr" eso quiere decir que nunca la han tenido o que lo que ellas creían que era el baloncesto, no es el baloncesto "de verdad". Pero claro, es mucho más facil echarle la culpa al "ogro" del entrenador que asumir que nos equivocamos con nuestra hija...sin duda...
Esta situación normalmente yo suelo resolverla con un muy claro "si no estáis contentos, os la llevais para casa". Pero se dan una serie de circunstancias que no me permiten mandarlos a paseo. Primero, que la susodicha, Agathe, se llama, es la sobrina del director deportivo del club (el que me contrató a mí). Segundo, que el padre de la susodicha es, de profesión, especialista en coaching, esto es, de los que se ocupan en dar cursos de management y de gestión para entrenadores de alto nivel y para ejecutivos. Así que aquí me tenéis, intentando encontrar una solución para resolver este asunto.
A ver, los padres no tienen ni puñetera idea de lo que pasa en los entrenamientos, de la actitud despreciable y bochornosa de su hija (y de otras) durante el trabajo. Pereza, inatención, falta de respeto... qué pasa, que llegan a un partido, se sientan detrás del banquillo y al final me sueltan que estuvieron observando y que todos mis comentarios eran en sentido negativo (una soplapoyez, dicho sea de paso). Encima, con los antecedentes que os he contado, pues ya os imagináis el discurso sobre la psicología deportiva que me tuve que comer durante nuestra conversación. Y el tipo más lleno de razón que un santo, con argumentos sólidos (pero completamente equivocados). Una de esas situaciones en las que es mejor no decir nada porque el otro está tan convencido de lo que dice que no va a tomarse la molestia de escucharte.
Tengo que decir que todo esto sucedió de la forma más correcta posible, con buen rollo y eso. No son mala gente (así a primera vista), sólo que no se dan cuenta de que, en el fondo, están siguiéndole el rollo a la cría. La niña pierde la motivación, y es culpa del entrenador...hay que joderse...no digo que no sea posible, pero no es en absoluto lo que sucede. La niña no está motivada porque nunca lo ha estado. Iba a sus padres con el cuento de que el basket era la cosa más importante del mundo, y ellos se lo creyeron. Y ahí está el problema, al principio de todo. Porque ella iba a baloncesto sin saber lo que era el baloncesto. Se entrenó durante años sin que nadie le explicase que el esfuerzo es un componente "habitual" del deporte, y que el basket no se limita a tirar a canasta cuando a ella le apetece. Y entonces llego yo, a imponer un ritmo de trabajo intenso, a exigir el máximo de cada una de ellas...y eso hace que ya no se motive, porque les hago sentir que no valen para nada...reconozco que hubo un tiempo en el que yo era muy duro, y que he dicho muchas barbaridades y muchas tonterías en los entrenamientos. Pero eso creo que ha quedado atrás hace ya años; si ellas pierden la motivación porque hay que "correr" eso quiere decir que nunca la han tenido o que lo que ellas creían que era el baloncesto, no es el baloncesto "de verdad". Pero claro, es mucho más facil echarle la culpa al "ogro" del entrenador que asumir que nos equivocamos con nuestra hija...sin duda...
No hay comentarios:
Publicar un comentario