lunes, 5 de octubre de 2009

El placer de la palabra exacta


La precisión es algo que se valora poco en general, sobre todo en la palabra. Es una cuestión de economía de lenguaje; quiero decir, "por qué utilizar diez palabras para decir algo cuando lo puedo decir en tres". Este principio corresponde a la idea de "eficacia"(simplemente, la capacidad de satisfacer un objetivo de comunicación) y a la de "eficiencia", a una utilización de recursos lo más ajustada posible a las condiciones definidas por la situación dada. Vaya, estoy dándole unas buenas vueltas...lo que quiero decir es que hay una palabra, una formulación de una idea, que tiene la virtud de producir en el interlocutor la capacidad de comprender: lo que decimos ejerce, en cierto modo, un efecto catalizador de la comprensión. Y he aquí el hecho más importante: la comprensión no es simplemente una asimilación y procesado de la información recibida, sino un efecto de ésta. Comprender es un proceso independiente que se desencadena porque la información pone en movimiento la maquinaria del pensamiento. Comprender es saber (más allá de los datos recibidos) lo que algo quiere decir según los propios códigos y experiencias de pensamiento del receptor. Así, en un proceso de formación podríamos interpretar el apredizaje como un acto transversal que se produce por la puesta en práctica de una serie de actividades o por por el enunciado de una serie de formulaciones orales que no contienen en sí mismas la información que deseamos que el receptor incorpore a su bagaje personal.

No hay ninguna base científica ni ningún apoyo bibliográfico en lo que digo. Simplemente intento poner en orden una serie de ideas que han surgido a raiz del ensayo de ayer...pero es algo que siempre me ha fascinado: cómo hacer que el otro produzca por sí mismo lo que uno quiere enseñarle. Estoy hablando del desarrollo de mecanismos de respuesta, de resolución de problemas...y no de la acumulación objetiva de datos. Todo parte de una paradoja realmente interesante y que está en el centro de mi proyecto de fin de carrera: para jugar a algo hay que aprender a jugar; pero para aprender a jugar, hay que jugar...

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