martes, 15 de septiembre de 2009

Before & After


Llueve. Siempre intento encontrar fotografías que acompañen los artículos, imágenes que añaden algo a cada pequeña historia en lugar de limitarse a una ilustración más o menos redundante. Hoy había previsto escribir sobre otras cosas, pero me parecen todavía demasiado amargas y difíciles.

Ahora me encuentro frente a este château bretón rodeado de lluvia y el otoño, que comienza a instalarse en la ciudad, me parece verdaderamente gris (y necesario). No recuerdo haber tenido árboles justo al otro lado de la ventana. Aquí puedo ver como los arces se van oscureciendo poco a poco, y resulta más impactante que la llegada de los primeros brotes o la invasión de asquerosas pelusas que se cuelan por todos lados del mes de mayo. Hoy llueve por primera vez este otoño. Sin más, porque tenía que llover para que podamos decir que pasa el tiempo, que ya no es verano, que hay un antes y un después de esta lluvia, como de tantas otras cosas. Son muchos los momentos que creemos fronterizos entre lo que fue y lo que va a ser, pero esos instantes se van quedando por el camino, sin más, olvidados, necesarios al paso del tiempo, pero intrascendentes para la memoria o para lo que somos. Esa suma infinita de antes y después es la que nos define poco a poco, y cuantos más momentos acumulamos, más se agita nuestra vida, más reacciones y experiencias se imprimen en lo que somos. Desgraciadamente (o no) no podemos establecer una relación causal entre uno de esos sucesos y nuestro devenir. Nunca podremos decir que porque en las navidades de 1983 los Reyes Magos dejaron de existir hubo un cambio concreto en nuestra manera de aprehender el mundo. La inocencia es, sin duda, una forma engañosa de felicidad. Cuantas cosas os gustaría no saber, ¿verdad? Cosas que nos asustan, que nos duelen, que nos impiden hacer tantas y tantas cosas. Yo he sido y seré siempre un gran cobarde, un miedica, hipocondriaco, sin duda. Temo lo que no conozco, me asustan los peligros posibles de lugares exóticos y extraños, las enfermedades posibles, la violencia...nunca he podido decir si es que valoro demasiado mi vida como para asumir ciertos riesgos... soy una de esas víctimas de la sociedad del miedo a todo, manipuladas, según las leyendas urbanas, para que no pensemos en el futuro y que nos lancemos a consumir el presente (en el presente)....y qué le vamos a hacer...hay tantas cosas que pueden suceder, tantas cifras que hablan de desgracias, accidentes, actos violentos...¿cómo escapar a todo eso? no me quita el sueño, no vayáis a pensar, pero me preocupa por el hecho de no poder evitar estas reacciones; me gustaría saber cómo se fue forjando esa forma de ser, cómo se han ido quedando los...me acuerdo, por ejemplo, cuando era pequeño vi una película, en navidades, estando en Goiriz, una película de dibujos, pero que contaba una historia de vampiros. Durante muchos años, muchos, le cogí tanto miedo, tal era el pánico que tenía, que no me podía dormir si tenía el cuello al descubierto...no sé qué edad tendría, pero...bueno, para qué veáis...siempre he sido muy frágil en ese sentido...e incluso hoy me asustan todas las cosas misteriosas, las casas viejas y lugares oscuros y vacíos. Por mucho que me haya convertido en un ser racional y suficientemente inteligente para saber que no existen, no puedo evitar el pánico de que puedan ser verdad...

1 comentario:

...triz dijo...

Lembro taparme ata ben arriba na cama e tamén a sensación horrible de desacougo se tiña que me erguer pola noite ao poñer os pés no chan (momento que se retrasaba ó máximo e só me levantaba se a urxencia era moita), con esa escuridade tan profuda que existe debaixo da cama... ...podería ser que ao pousar os pés algo ou alguén sairía de debaixo, ou... a saber...