martes, 17 de marzo de 2009

Trozos de recuerdos


Una sonrisa siempre es agradable. Me refiero a esa sonrisa franca y acogedora de alguien que realmente se alegra de verte, y no la pose fingida del típico vendedor de coches de las series de dibujos americanas (el que más gracia me hace es el de Padre de Familia, que también es vendedor de seguros en algún capítulo; cliché de vendedor, en definitiva...) Yo no valgo para vender, creo que lo tengo claro. Me falta desparpajo y frescura. Siempre me he preguntado cómo se puede ofrecer algo a alguien y...a ver, cómo lo digo; que si uno sabe que su producto es realmente el mejor, pues oye, sabes lo que hay; lo malo es que no se trata de eso. O si...me estoy liando...digamos que hay dos situaciones de venta básicas: captar nuevos clientes y conservar los actuales. Ambas situaciones se resumen a un concepto simple: por qué este producto y no el de la competencia.

Estooo...no recuerdo muy bien a qué venía esta reflexión. He dejado el post a medias y al volver me doy cuenta de que estoy completamente desconectado. Bueno, pues ya está.

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