
No tengo ni idea de por qué me viene ahora esto a la cabeza. Estaba intentando encontrar algo de lo que escribir, repasando la jornada como hago cada día para ver si daba con una buena historia, y de repente he pensado en esto de las mentiras. Se me había ocurrido otro artículo sobre los distintos tipos de lectura que hacemos a lo largo de nuestra vida, pero lo dejo para otro momento. Quizá haya algo que se me escape de este día sin más historia que no se cuantos accidentes esta mañana en los alrededores de Lyon por culpa del hielo. Resulta que llueva a muy bajas temperaturas, y como el suelo está todavía muy muy frío, pues la lluvia se congela en cuanto cae sobre el asfalto y crea una capa fina pero muy "resbalosa" (esta palabra hay que imaginársela así con acento mejicano...jjejjej). Bueno, que la cosa no tiene puñetera gracia, que ha habido accidentes en cadena, camiones desparramaos por todos lados, autopistas cortadas, el bus urbano que no circulaba...un caos total. Al margen de eso, esta historia de mentiras...no sé, todos contamos, algunas más gordas que otras. Yo he contado muchas, y sigo contándolas, claro, pero es un mecanismo curioso. Quiero decir, que muchas veces se desencadena automáticamente, y es muy difícil deshacerse del hábito de la mentira "salvadora", esa que contamos de forma casi instintiva para excusarnos por algo, para no tener que admitir alguna cosa que nos da vergüenza...ya sabéis. Vamos, me imagino que todos actuaremos más o menos de la misma forma. Yo he contado alguna de esas de las que te sonrojas después cuando lo piensas, bien porque era tan tonto que creía que algo semejante podría resultar creíble, bien porque después ha tenido unas consecuencias muy vergonzosas (aunque bueno, ya sabéis que yo tengo un gran sentido del ridículo...). Y la verdad, no merece la pena el mal rato que se pasa...De hecho, desde hace algún tiempo, me veo con menos frecuencia en situaciones límite en las que la mentira automática reacciona...qué tranquilo te quedas cuando dices la verdad porque, simplemente, no tienes por qué mentir. Quizá forme parte de la vida misma, no sé. A medida que vamos creciendo vamos asumiendo más y más cosas de nosotros mismos, cómo somos, lo que hacemos, y por eso no nos vemos en la situación de mentir (o no). Qué lejos quedan esas mentiras-historia que nos inventamos para darnos importancia, las anécdotas que estiramos hacerlas más interesantes, las truchas que crecen en talla y número...jejejej...¿Cómo no nos damos cuenta que cantan a kilómetros? En parte porque el que las escucha no nos dice nada (amablemente), para no hacernos sentir mal...¿Cómo reaccionais vosotros? Yo, cuando alguien me suelta una bola (y creedme, trabajando con grupos de gente, sea teatro o baloncesto, te cuentan muchas...pero muchas. Tantas que ya las hueles antes de que vengan y actúas de tal manera que puedes evitarle al grupo la necesidad de mentir...pero bueno, si la mentira llega, ¿cómo reaccionar? porque no puedes demostrar que lo que te cuentan es cierto...por ejemplo, un grupo, alguien que cuenta algo que tu sabes que es una bola (o simplemente una gilipollez monumental), ¿te callas y dejas que todo el mundo se lo trague o lo pones en evidencia delante de todos? Situación complicada...jejeje...no sé, habría aquí material para unas buenas páginas de humor (y reflexión) , pero por esta noche ya es suficiente.
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