Cada vez que veo en la tele imágenes de uno de estos restaurantes de haute cuisine, llenos de estrellas michelín, imágenes de platos increíbles que te ponen a segregar saliva como...qué bueno, madre. Ese sí sería uno de los lujos que me daría de buena gana. Nada de ostentación, ni coches ni supercasas me llaman la atención; tampoco la moda, la ropa cara ni los ambientes de lujo. Pero la cocina...qué satisfacción sentarse a la mesa con un buen vino, con un trato agradable, y la comida que llega...mmmmm
Por ejemplo, no sé si os pasa, pero a mí no me gusta ir a restaurantes que no conozco. Quizá porque me digo que es una pena desperdiciar una oportunidad de comer fuera en un sitio que tal vez no esté bien. Y al final acabo llendo siempre a los sitios "habituales".
A mí siempre me ha gustado cocinar. La cocina instintiva, no soy para nada de recetas, sino de cosas sencillas y un poco de sentido común. Nada sofisticado, casi siempre los mismos productos, e intentando sacar el máximo partido a conservas y enlatados (no siempre nos podemos permitir los frescos). Es realmente agradable la sensación de probar algo que has hecho y que está bueno, aunque ultimamente me puede la pereza y no me pongo a cocinar demasiado a menudo.
Cuando llegan las comidas familiares, sea verano o, sobre todo, navidad, pienso en quién será el "cocinero" de nuestra generación. Todos los años me digo que quizá debería empezar a pensar en ponerme a los fogones, en aprender las recetas, en conservar la tradición de los sabores de la navidad. Estos días también lo he pensado, mientras esperaba noticias del hospital. Cuantas cosas se pierden en una generación que desaparece...¿hasta qué punto son importantes, necesarias? ¿hasta qué punto debemos aceptar el cambio de vida? ¿cómo se puede "reencontrar" mi generación, que ha vivido relativamente lejos? ¿cómo sentarse junto a la lareira, mirar los útiles de carpintero de nombres que no conozco, las herramientas de labranza que nunca he manejado, los muebles antiguos, los nombres de lugares que no vemos nunca, la piedra que vino del Cerro...cómo pensar a todo eso sin sentirse un poco extraño, extranjero en su propio hogar?
Me pone un poco triste cuando lo pienso...
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Por ejemplo, no sé si os pasa, pero a mí no me gusta ir a restaurantes que no conozco. Quizá porque me digo que es una pena desperdiciar una oportunidad de comer fuera en un sitio que tal vez no esté bien. Y al final acabo llendo siempre a los sitios "habituales".
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A mí siempre me ha gustado cocinar. La cocina instintiva, no soy para nada de recetas, sino de cosas sencillas y un poco de sentido común. Nada sofisticado, casi siempre los mismos productos, e intentando sacar el máximo partido a conservas y enlatados (no siempre nos podemos permitir los frescos). Es realmente agradable la sensación de probar algo que has hecho y que está bueno, aunque ultimamente me puede la pereza y no me pongo a cocinar demasiado a menudo.
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Cuando llegan las comidas familiares, sea verano o, sobre todo, navidad, pienso en quién será el "cocinero" de nuestra generación. Todos los años me digo que quizá debería empezar a pensar en ponerme a los fogones, en aprender las recetas, en conservar la tradición de los sabores de la navidad. Estos días también lo he pensado, mientras esperaba noticias del hospital. Cuantas cosas se pierden en una generación que desaparece...¿hasta qué punto son importantes, necesarias? ¿hasta qué punto debemos aceptar el cambio de vida? ¿cómo se puede "reencontrar" mi generación, que ha vivido relativamente lejos? ¿cómo sentarse junto a la lareira, mirar los útiles de carpintero de nombres que no conozco, las herramientas de labranza que nunca he manejado, los muebles antiguos, los nombres de lugares que no vemos nunca, la piedra que vino del Cerro...cómo pensar a todo eso sin sentirse un poco extraño, extranjero en su propio hogar?
Me pone un poco triste cuando lo pienso...
1 comentario:
si, aunque es posible que siempre haya sido así, todo ha ido cambiando en periodos más o menos largos de tiempo. renunciar a cosas para tener otras, que no tienen por que ser mejores...
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